domingo, 15 de septiembre de 2013

Me preocupa...

Me preocupa realmente la España que estamos construyendo. Me preocupa el paro, la deuda que estamos dejando en herencia a nuestros hijos, nietos, a los nietos de nuestros nietos...Me inquieta la conocida como “fuga de cerebros”, que se eliminen las ayudas sociales, que se privatice la sanidad, que sólo puedan estudiar los hijos de papá…
Me preocupa todo esto, pero aún hay algo que me preocupa más y es que perdamos nuestra identidad, que vendamos nuestros principios y que la situación socioeconómica nos empuje  enfrentarnos unos con otros.  Eso es lo que realmente me desvela. Y lamentablemente está ocurriendo.
Durante estos últimos días varios de mis contactos en las redes sociales han compartido un listado en el que se muestran a los beneficiarios de las ayudas de libros y material escolar de un centro español.  Paradójicamente, la mayor parte de los beneficiados son hijos de inmigrantes.

Pues bien, los comentarios de esta publicación sólo pueden definirse como aberrantes. Insultos, trato denigrante hacia quienes llegaron  España buscando un trabajo y altos dotes nacionalistas en un cóctel xenófobo que poco tiene de justo, aunque ¿Dónde ha quedado la Justicia en España?
En primer lugar, puedo llegar a entender a quienes consideran injusto que los escasos recursos que existen en España sean para quienes apenas llevan aquí unos años. Puedo comprender que los españoles se sientan con más derecho que los inmigrantes a percibir ayudas por haber contribuido durante años al crecimiento de España, (ellos, sus padres, los padres de sus padres)… Hasta ahí bien, pero ¿Acaso eso les da motivos para increpar a los inmigrantes? ¿Es ese motivo suficiente para sembrar la semilla del racismo? (Suponiendo que ésta no esté ya sembrada).

En mi humilde opinión; NO. Considero que no son los inmigrantes los “culpables” de la situación. Son los gobiernos y las instituciones los que establecen los raseros por los que se regirán a la hora de conceder o no ayudas. Son los mismos políticos a los que nosotros hemos votado, elegido y colocado en ese cargo los que deciden quien percibe ayudas y quien no, no los inmigrantes. Luego tal ve esas críticas deberían remitirse directamente a los “peces gordos”, aunque quizá para eso nos falte valor, tal vez sea más sencillo arremeter contra el indefenso.

Y en segundo lugar, un país que actualmente registra mayor número de emigrantes que de inmigrantes, tal vez debería plantearse la posición que adopta con respecto a estos últimos. No hace tanto que muchos de los miembros de nuestras familias tuvieron que coger las pocas pertenencias que tenían y emigrar a Alemania en busca de trabajo, situación que se vuelve a repetir a día de hoy. ¿Acaso no nos gustaría que aquellos que se marchan de España buscándose un porvenir que aquí se les niega fueran bien recibidos allá donde vayan? Nuestros primos, hermanos, nosotros mismos cualquier día podemos optar por marcharnos a buscar suerte al extranjero, ¿Nos gustaría que en el lugar al que lleguemos nos tachen de “robarles el trabajo”? ¿Querríamos llegar a un país en el que el Gobiernos nos ofrece ayudas para comenzar nuestra andadura y la sociedad nos rechazara por considerar que no las merecemos? Probablemente no.

Pero ¿Qué pasa? Que esto es España y la empatía aquí brilla por su ausencia. 



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